El umbral de la vitalidad
Ninguna otra práctica conduce a la presencia con la misma radicalidad que ésta. Cuando la respiración se controla, se ralentiza, se restringe, se suspende durante unos instantes bajo una mano experta, el cuerpo deja de tener alternativas: no puede pensar en otra cosa, no puede fingir, no puede estar en otra parte. Está completamente aquí. Completamente ahora.
Breath Control trabaja sobre el elemento más inmediato de la existencia: la respiración. No en sentido simbólico, sino literal y biológico.


Cuando la entrada de oxígeno se reduce de forma controlada, la realidad ordinaria se desvanece con una precisión sin parangón: los pensamientos se extinguen casi instantáneamente, las preocupaciones se evaporan, el cuerpo se centra por completo en la sensación del momento presente. Lo que queda es un estado alterado de conciencia que quienes lo han experimentado describen como la forma más pura de presencia que han conocido, un silencio interior absoluto, habitado únicamente por la sensación del cuerpo vivo.
El retorno de la respiración es una ola. No sólo de oxígeno: de alivio, de gratitud física, de un placer que irradia de cada fibra simultáneamente. El cerebro, que en los segundos anteriores se había aferrado con desesperación a cualquier otro estímulo disponible, acoge este retorno con una intensidad que no tiene equivalente en ninguna otra práctica. Cada caricia percibida en ese momento vale diez veces más. Cada sonido llega amplificado. El cuerpo está vivo de un modo insólito.
Lo que queda después, una vez que se ha vuelto a la normalidad, es una conciencia nueva y específica: la capacidad de confiar plenamente en uno mismo y la resiliencia de pasar por algo que el instinto primario habría querido evitar. Este descubrimiento pertenece a la persona que lo hace, no es transferible, no puede describirse por completo. Sólo puede comprenderse desde dentro.

